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24May

Superestrella Smartick, 365 días seguidos entrenando mates

mates

A Maite Alonso y a Manolo Mendiola siempre les gustaron las matemáticas. Maite no se recuerda siendo una niña temerosa de los números y a Manolo además le apasiona la informática y siempre está ayudando a los demás a ver la tecnología como el mejor aliado.

Su hija, Ana Mendiola de siete años, sigue los pasos de los dos y es una de nuestras supercampeonas Smartick: ha sido capaz de hacer sus sesiones de matemáticas con nosotros durante 365 días seguidos. Sí, todos y cada uno de ellos. Sin fallar ni uno. Y ha viajado. Ha jugado. Ha disfrutado de fines de semana. Pero la niña y sus padres han sido capaces de interiorizar mejor que nadie lo que intentamos inculcar desde este equipo: Conseguir que los niños lo hagan de manera rutinaria. Sus 15 minutos de mates diarias. “Para Ana es como lavarse los dientes”.

Maite y Manolo explican que lo que más valoran del reto conseguido por Ana es “cómo le ayuda a su autoestima”. Uno de estos días salía muy contenta del colegio por lo bien que se le estaban dando las divisiones en el cole: “Así ella se da cuenta de que hacer Smartick es positivo, le da una seguridad tremenda”. Lo prioritario para Maite no es que su hija saque matrícula de honor: “Es que le gusten las matemáticas, que no se sienta mal con ellas y veo que Smartick consigue que sean más divertidas”. Ahora le toca hablar a Ana: “Lo que más me gusta es la lógica. Cuando empiezo, pienso: que sea lógica, por favor, que sea lógica.  Además, no te ponen tiempo para contestar”. Curiosamente, hay niños a los que les pone nerviosos tener que parar a pensar en esos problemas. No es el caso de Ana.

A veces, hay padres que nos dicen que sus hijos no tienen tiempo para hacer Smartick. Ana, lo sabe sacar. Hubo un día, ya tarde, que se dieron cuenta de que no lo había hecho y la niña estaba con una amiga. Se lo contó. “No tienes que hacerlo”, le dijo a Ana la otra niña. “Y Ana le dijo que era un momento, mientras preparábamos la cena”, cuenta Maite, su madre, como muestra de cómo ha interiorizado Ana que lo debe hacer y que es posible sacar un rato.  Normalmente lo hace después de comer, en casa.
Hablando con la niña, cuenta que ella “convence muy bien”. Le preguntamos cómo y dice que, “a veces, le pongo ojitos a mi madre y me deja comer el helado de chocolate”. ¿Y le pones ojitos para no hacer Smartick? “Noo. Es que Smartick hay que hacerlo”, dice ella convencida.  Pero es que es hija de Maite y Manolo: «Nosotros creemos en el esfuerzo y en el tesón. Aunque puede que  a veces yo sea demasiado perfeccionista y exigente”, cuenta Maite.
Conocieron Smartick a la vuelta de un verano. Habían compartido vacaciones con unos amigos con un hijo que hacía Kumon. “Nos gustó la idea de la constancia, del esfuerzo y del reto, pero no la parte del cuadernillo, de tener que ir a un sitio y sabíamos que a Ana le motivaría algo más tecnológico ya que su padre le ha transmitido su pasión por ese mundo», explica Maite. Comentándoselo a su hermana, periodista inquieta, Ana, así se llama, le habló de Smartick. Y así fue cómo Ana sobrina empezó una rutina que le ha llevado a ser nuestra supercampeona.
Ana no nos escribe en el pozo de las sugerencias pero quiere que la habitación del mundo virtual se haga más grande: “Lo necesito. Tengo toda la colección de ponys. Y debería haber más juguetes para regalar”. En la parte de los juegos, nos dice que ha conseguido tres medallas en uno de memorizar. “¿Sabes que durante tres semanas fui estrella de la semana?”, pregunta orgullosa. Ella, que es la estrella total de Smartick. En su cuarto de verdad, hay muñecos y Lego: “Dos de Elsa, un caballo, un hada y uno de Cleopatra”. Le gustan las historias de Egipto, más desde una visita con su tía Ana a una exposición. Y me cuenta que “estamos intentando, con mis primas, que haya un Día de la Tía”.  Desde aquí, lo suscribimos.

Para seguir aprendiendo:

La diversión es la forma favorita de aprender de nuestro cerebro
Diane Ackerman
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Berta González de Vega

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