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30Jun

Matices a los deberes del profesor italiano

No, no quiero ser una aguafiestas. Los deberes de Cesare Catá se han hecho virales y nos han puesto a miles en modo “Oh, capitán, mi capitán”. Este maestro italiano es nuestro profesor Keating y nos ha convencido para que este verano los niños se pongan a decir palabras nuevas, a mirar amaneceres, a bailar y a ser buenos.

Yo estoy dispuesta este verano a que los niños se aburran, por ejemplo. Ese va a ser mi deber particular como madre. Conseguí el otro día aguantar un primer ataque al negarme a que se pusieran a jugar a la consola con un día estupendo de jardín. Hubo llantos de frustración. Por mi parte, firmeza para hacerle saber al “frustrado” que pocos niños tenían su suerte. Ese jardín, por ejemplo.

Andaba ese día acabándome el libro de Inger Enkvist La mala y la buena educación, que da para muchas reflexiones. Con o sin atardeceres. Una de las más interesantes es pensar que los nuevos gurús de la educación, cuando se ponen a dar consejos, están básicamente pensando en un tipo de niño que no es el universal. Si reflexionamos un minuto, es fácil percatarse de que esos consejos sobre libertad, creatividad, gestión de emociones y demás van destinados a unas familias normalmente de padres formados e inquietos, con casas estupendas para esa creatividad y ellos mismos con unos apoyos suficientes para fomentar la curiosidad de sus hijos. No están hablando de unos padres agotados de trabajar que sueñan con sentarse en el sofá delante de la tele mientras doblan calcetines de la colada. No se imaginan a unos padres en paro, sin formación, que apenas saben ellos mismos interpretar el mapamundi.

Con los deberes del profe italiano creo que pasa un poco lo mismo, aunque es cierto que el escrito es motivador simplemente por conseguir que nos paremos a pensar sobre el verano y los niños.

Vayamos a los puntos.

  1. ”Por la mañana, de vez en cuando, ve a caminar por la orilla del mar en total soledad. Fíjate en cómo se refleja el sol, piensa en las cosas que más amas de la vida y siéntete feliz”. Ningún problema con este consejo, salvo, quizás, que eso debería pasar sin tener que ver el sol reflejado en el mar, espectáculo al que no tiene acceso todo el mundo. Vayamos ahora a una mañana de un piso de barrio de extrarradio, en julio, con calor, con los dos padres trabajando, ¿de verdad pueden todos los niños ir a pasear por la orilla del mar? En casa, intento que los niños se sientan felices riéndonos lo que podemos, controlando los gritos, que doy a menudo, y viendo alguna vez el telediario, para que sepan apreciar lo que tienen.
  2. “Trata de utilizar todas las nuevas palabras que has aprendido este año. Cuantas más cosas puedas decir, más cosas podrás pensar y, cuantas más cosas puedas pensar, más libre te sentirás”. Perfecto. Se necesitan interlocutores, claro. Incluso interlocutores que se tomen la molestia de saborear cada palabra nueva que ha aprendido el niño. Pero, sí, buena idea. Salvo que nadie se haya ocupado de apuntar las palabras nuevas. Yo, por mi parte, me veo aprendiendo “sus” palabras nuevas, como trollear o motivarse.
  3. “Lee tanto como puedas. Pero no porque debas. Lee porque el verano inspira aventuras y sueños, y leyendo te sentirás como una golondrina en pleno vuelo. Lee porque es la mejor forma de rebeldía que existe”. Alguien que solía ser una gran lectora no puede estar más que de acuerdo con esto. La maternidad múltiple me ha enseñado, sin embargo, que unos hijos leen y otros no. Sin saber por qué. Con los mismos ejemplos familiares. Pero insistiré.
  4. “Evita todas las cosas, situaciones y personas que te generen negatividad o vacío. Busca situaciones estimulantes y la compañía de amigos que te enriquezcan, te comprendan y te aprecien por lo que eres”. En el caso de niños de primaria, esas situaciones estimulantes y esos amigos suelen recaer en las agendas de los padres. Pero es verdad que el verano puede ser el momento de reforzar amistades beneficiosas.
  5. “Si te sientes triste o asustado, no te preocupes; el verano, como todas las cosas maravillosas, agita el alma. Prueba a escribir un diario para reflejar tus sentimientos”. Nada que objetar. Sólo pedir por favor que el diario no sea on line y compartido.
  6. “Baila. Sin vergüenza. En la calle debajo de casa o en tu habitación. El verano es un baile y sería absurdo no participar”. Y el invierno, y todas las estaciones. Ordenador, Spotify y movimiento familiar. Un placer gratis.
  7. “Al menos una vez, ve a ver la salida del sol. Quédate en silencio y respira. Cierra los ojos, agradecido”. Siempre y cuando esos niños luego se vuelvan a la cama un rato…
  8. ” Haz mucho deporte”. Eso seguro que lo han hecho mucho encantados y obligados, apuntados a campamentos multideporte, tabla de salvación en julio de padres trabajadores.
  9. “Si encuentras a una persona que te encanta, díselo con toda la sinceridad y la gracia que puedas. No importa si lo entiende o no. Si no lo hace, no era la persona predestinada para ti; si lo hace, el verano de 2015 os ofrecerá una oportunidad de oro para caminar juntos”. Uff, romanticismo en exceso para estas edades, en mi modesta opinión. ¿Predestinada? ¿Estamos en eso?
  10. “Revisa los apuntes de nuestras clases, hazte preguntas y relaciona cada autor y cada concepto con lo que te sucede”. No lo veo, la verdad. No me imagino a los niños cogiendo de nuevo los libros del curso, de lengua o de cono. Sí me los puedo imaginar reforzando cosas de otra manera, dibujando más, leyendo, o, ¿por qué no? un poco, 15 minutos, de matemáticas al día.
  11. “Sé alegre como el sol e indomable como el mar”. Precioso. Lo de indomable, con sus matices para la vida doméstica, claro.
  12. “No digas palabrotas, sé siempre educadísimo y amable”. De acuerdo, pero, en casa, procuramos que lo tengan en cuenta todos los días del año. Sin conseguirlo muchas veces, claro.
  13. Ve películas con diálogos conmovedores, preferiblemente en inglés, para mejorar tus habilidades lingüísticas y tu capacidad de soñar. No dejes que la película se termine en los créditos, revívela en tu verano“. Ya, pero, ¿quién las elige? ¿Saben ellos lo que es un diálogo conmovedor? Pero cierto es que ver una buena película con los niños es un placer.
  14. “A plena luz del día o en las noches cálidas, sueña cómo puede y debe ser tu vida. Busca en el verano la fuerza para no renunciar nunca y haz todo lo que puedas para perseguir ese sueño”. Muy bien. Incluso si quieren ser youtubers, como puso recientemente una niña que pasó por casa en una hoja que estaba escribiendo con otras. Yo intento que sus sueños sean curar enfermedades, dar agua potable a millones, etc, con la ciencia. Pero uno quiere poner un bar en la esquina de la calle, el otro quiere revivir la Segunda Guerra Mundial, dado lo que lee sobre ella y la tercera no ha expresado ningún sueño vital todavía.
  15. “Sé bueno”. Pues claro. Lo más importante. Buena persona. No dejarse llevar por la masa. Conocer la compasión. Saber escuchar. Ponerse siempre en el lugar del otro. Pero eso lo podemos intentar todos los días, ¿no?

Este mundo, yo misma, de vez en cuando necesita ponerse hippy. Ser hippy en el sentido de valorar el ser y no el tener. Pero yo también sé que no hay mayor placer, en mi opinión, y sigo hippy, que abrir las puertas de la percepción y eso significa curiosidad, espíritu crítico, lecturas que no están reñidas, para nada, con la constancia, la disciplina, el esfuerzo. Que, en definitiva, es lo que dice el libro de la experta sueca. Los deberes del profesor italiano quedan muy bien en los muros de Facebook.

Así que, cuando se desespere por haber escuchado a los niños decir 20 veces que se aburren, cuando sepa que ya es hora de apagar la televisión, cuando hayan perdido los balones de fútbol del chino, cuando se hayan peleado en el ajedrez, cuando se frustren porque no encuentren los sacapuntas… en fin, si necesita 15 minutos de paz al día y saber que ellos están aprendiendo matemáticas de una manera divertida, aquí está Smartick. Y también podemos ver amaneceres, atardeceres, intentar ser buenos, buscar a los mejores amigos, leer novelas de Emilio Salgari y echar partidas de cuatro en raya. Incluso podemos hacer deberes o nos podemos aburrir.

Para seguir aprendiendo:

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Cree que no sabe ser más que periodista y, por curiosa, anda ahora entusiasmada leyendo sobre la enseñanza de las matemáticas, sus fallos y sus mejoras en el mundo. Si se le hubieran dado mejor los números, puede que hubiera sido médico, como su padre y como su abuelo. Pero, además de sentirse apabullada por las derivadas, se le cruzó un reportaje de la revista Rolling Stone aquel año que pasó en Seattle. Domina el inglés y nunca pensó en las matemáticas como en el verdadero lenguaje universal. Es corredora de paseo marítimo de Torremolinos y tiene tres hijos que coleccionan ticks de Smartick: Pablo, Luis y Berta.
Berta González de Vega

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