Las matemáticas y los huesos

Ignoro si es un asunto generalizado, pero a mis hijos, por moda, por epidemia o virus, da igual, les encantan los dinosaurios y, de paso, la paleontología y la arqueología. Así que puede interesarles la historia del hueso de Ishango.

Confieso no haber escuchado nada de este hueso hasta hojear el libro de Vicenç Torra Del ábaco a la revolución digital, uno de los volúmenes de RBA de la serie El Mundo es matemático, que vendió el diario El País hace unos meses. Pues bien, el primer indicio de herramienta para contar es un hueso africano que tiene 35.000 años, cifra que da un poco de vértigo y los bosquimanos de Namibia utilizan aún hoy para contar unos bastones parecidos.  En el Congo se encontró el de Ishango, de 20.000 años de antigüedad, con rayitas agrupadas en conjuntos y se cree que pudo ser un primitivo sistema de numeración. Lo que demuestra esto es que la necesidad de contar objetos es tan antigua como la necesidad de hablar de ellos. Nunca sabremos con exactitud en qué momento de la evolución el hombre fue consciente de que una gran herramienta eran sus diez dedos.

Nosotros sí que podemos ser testigos hoy de cómo los utilizan inicialmente nuestros hijos al empezar a desarrollar su mente matemática. Con Smartick, veremos que, sin ser conscientes, cada vez utilizan más sus neuronas para dejarnos con la boca abierta con su cálculo mental. Y, cuando hablen de T-Rex y paleontología, les podremos decir que también se encuentran huesos de miles de años en los que queda claro que las matemáticas llevan siendo importantes para los hombres…desde que son hombres. Cuando sean mayores les diremos que, gracias a Smartick, por otra parte, las matemáticas en su vida no fueron un hueso duro de roer.

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Javier Arroyo

Cofundador de Smartick. Graduado por Harvard Business School en el Executive Program, Economista, MBA por la Ecole de Commerce Solvay. Galardonado como Eisenhower Fellow por el Congreso de EEUU. Emprendedor Endeavor.

Es también corredor maratoniano y bético de nacimiento. Sabe de esfuerzos y retos. Fue un niño sin televisión en casa, que aprendió alemán a marchas forzadas para entrar en el Colegio Alemán. Además, domina el holandés, inglés y francés. Es padre de Bárbara y Nicolás. No hay ni que escribirlo, pero sí: los dos hacen Smartick.

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1 Comentario;

  • Arcadia Peloponeso dice

    Para mi fueron, durante la adolescencia, el hueso más duro de roer. Lástima que entonces los pc’s fueran los que eran y no hubiese gente como tú haciendo cosas como esta.