El gran debate: ¿Se puede evaluar a los profesores?

profesores

Una entrevista, una palabra –“evaluación”– y un enorme lío con una considerable ventaja: José Antonio Marina, al menos, ha conseguido sacar la educación del bucle eterno de la religión y de la educación para la ciudadanía. Pero, por lo general, no se puede decir que su propuesta fuera acogida con entusiasmo, especialmente entre los sindicatos de enseñanza. Aunque, según se ha visto en la cumbre de Doha, el cómo atraer a los mejores a la profesión docente es algo que figura en lo más alto de la agenda educativa mundial.

Sin embargo, las reacciones fueron tan tajantes que el filósofo y profesor quiso aclarar aspectos de su futuro Libro Blanco sobre los profesores en una tribuna en la que explicarse con claridad.

Porque, por lo general, fue escuchar “evaluación” y que muchos no siguieran leyendo. Como suele pasar ante la ausencia de un debate sosegado, el cómo conseguirlo no se pudo abrir paso entre los titulares.

Precisamente al cómo evaluar a los profesores se ha dedicado durante años una iniciativa que, en parte, está financiada por la Fundación Bill y Melinda Gates. Parten de la base de que no es una tarea fácil. Una de las frases que, en época de pensamiento de red social, afloró enseguida con la propuesta de Marina fue lo de que no es lo mismo dar clase en un barrio acomodado que en otro marginal. Claro que no. Pero tiene que haber una forma de medir el progreso del alumnado de una forma objetiva. Y es a eso a lo que se ha dedicado la iniciativa de EEUU que se llama Medidas de una Enseñanza Efectiva (Measures of Effective Teaching). Han resumido su trabajo en cinco apartados a los que han llegado después de ver miles de horas grabadas de clases. En su opinión, es posible adquirir un método para conseguir sacar el máximo de los alumnos. Por otra parte, después de miles de encuestas, también concluyen que los estudiantes son capaces de identificar aspectos que hacen que bueno a un profesor, por lo que también se tendría que tener en cuenta sus opiniones. En el proyecto, han participado hasta 3000 profesores de manera voluntaria.

A diferencia de la evaluación, la propuesta de Marina de que exista una especie de MIR para los futuros maestros y profesores no ha suscitado polémica alguna porque es algo de lo que se viene hablando desde hace tiempo y en lo que los partidos parecen estar de acuerdo pero no acaban de poner en práctica. Como casi siempre, se suele citar a Finlandia donde hay una conexión muy estrecha entre las universidades y las escuelas para hacer las prácticas que organizan unos orientadores, puestos laborales que, según explica Inger Enkvist en La buena y mala educación, son muy solicitados. La comunicación es total entre estos tutores y la pareja de estudiantes que tienen a su cargo. Pero, según explica la autora sueca, en los documentos oficiales no se explica mucho en qué va a consistir la formación porque tienen mucha confianza en el paso previo del que, de nuevo, en España se habla mucho y se hace poco que es la….

Selección de los aspirantes a profesores: “Los jóvenes que son aceptados son inteligentes, tienen una buena cultura general y un buen manejo del idioma y están muy motivados”.

Otro día explicamos cómo en EEUU se intenta reclutar a profesores motivados y distintos para zonas marginales, Teach for America, y cómo en España eso no ha sido posible.

Acabo de escribir esto y me topo con un aforismo de Gregorio Luri: “Un buen maestro no tiene método. Él es el método”. Lo debatiremos en alguna ocasión.

Bienvenidos todos estos debates a las portadas y editoriales de los periódicos y mientras ustedes los leen quizás quieran evaluar Smartick con sus hijos. A nosotros no nos importa. A diario.

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Berta González de Vega

Cree que no sabe ser más que periodista y, por curiosa, anda ahora entusiasmada leyendo sobre la enseñanza de las matemáticas, de la comprensión lectora y de educación en general. Si se le hubieran dado mejor los números, puede que hubiera sido médico, como su padre y como su abuelo. Pero, además de sentirse apabullada por las derivadas, se le cruzó un reportaje de la revista Rolling Stone aquel año que pasó en Seattle. Domina el inglés y nunca pensó en las matemáticas como en el verdadero lenguaje universal. Es trotadora de paseo marítimo de Torremolinos y tiene tres hijos que coleccionaron ticks de Smartick: Pablo, Luis y Berta.

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