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26Ago

Las mates, los cromos de fútbol y el mercadillo

cromos de fútbol

Inés es de nuestras supermadres Smartick: tiene a sus tres hijos haciendo las sesiones desde hace años. Manuela, Sonsoles y, más tarde, Jaime. Es toda una madre concienciada con la importancia de las matemáticas.

Sus hijas son muy buenas. Lo sabemos en el equipo Smartick. De las más cumplidoras, de las que más avanzan. No sin sacrificio, que no siempre es fácil que se pongan casi todos los días. Pero Inés sabe añadir la motivación extra a los tics. Y está muy atenta a lo que puede suponer manejar los números o no.

Me lo contaba el otro día desde el pueblo de la costa en el que está pasando unos días. Un relato por mensajes de teléfono. Decía esta madre que, en la cola del supermercado, un niño de unos diez años, delante de ella, le pregunta a la cajera: “¿Cuánto cuestan los sobres de los cromos de fútbol de La Liga?”. “60 céntimos”, contesta ella. El niño, a continuación, le pregunta que cuántos se puede comprar con dos euros. La cajera le dice que si se sabe la tabla del seis. El niño empieza a recitarla y, cuando va por el 6 por cuatro, Inés interrumpe y le dice: “A ver, si 6 por 3 son 18 y por 4, son 24. ¿No sabes ya cuántos sobres de cromos de fútbol te puedes comprar con dos euros?”. El niño miró a la cajera y volvió a preguntar que cuántos sobres podía llevarse. “Me acordé de Smartick”, decía Inés.

A esa anécdota sumé el domingo otra en el mercadillo de Torremolinos –muy recomendable, por cierto–. Mirábamos un cuadro y preguntamos el precio. Dos euros, de nuevo. Por detrás, resulta que ponía 250 pesetas. Al decirlo en voz alta, una señora dijo que era lo mismo, en pesetas y en euros. Le dijimos que bueno, que relativamente. La señora, a continuación, hizo unos cálculos erróneos sobre euros y pesetas. “Pues siga usted viviendo así de feliz”, le dijo mi acompañante. Feliz en la ignorancia.

Puede que algunos padres crean que esto de manejar con soltura los números y las matemáticas sea algo propio de padres ambiciosos con grandes proyectos vitales para sus hijos, que si programadores en Google, que si matemáticos en la banca, que si manejando la estadística en grandes multinacionales o pariendo un nuevo algoritmo que nos hará la vida mejor en internet. Pero no, no se trata de eso.

En Smartick pensamos que el manejar bien los números consigue mejores ciudadanos, más críticos, menos manipulables. Gente que sea capaz de tomar decisiones sobre sus vidas de la manera más razonada. Que sean capaces de entrar en una sucursal de banco sin que les encasqueten una imposición a plazo fijo a cambio de una tableta que les sale más barata en una tienda. Que no venga cualquier político a hablarles de millones de euros sin que sea hagan una idea aproximada de lo que puede suponer eso para las arcas públicas y sus impuestos. Todo eso son matemáticas.

Si nuestros hijos tiran la toalla pronto con los números, debemos saber que serán más vulnerables al engaño. Por eso, no está mal practicar en verano con los tiques del supermercado, de los restaurantes. Preguntándoles cuánto hemos pagado por persona, qué suman los productos más caros. O, directamente, pidiéndoles que nos hagan un cálculo de lo que creen que nos podemos gastar en cromos del álbum de la Liga.

Puede que el resultado nos convenza tanto como para decirles a amigos nuestros que casi es mejor que se gasten ese dinero en Smartick.

Claro, que puede ser que entonces los niños, si nos ven jugando a los euromillones, nos digan que es una manera de tirar el dinero como otra cualquiera o algo parecido, como explicaba Clara Grima aquí. Aunque, bien pensado, eso es justo lo que queremos: niños que se busquen la vida y sean capaces de solucionar problemas con números.

Para seguir aprendiendo:

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Cree que no sabe ser más que periodista y, por curiosa, anda ahora entusiasmada leyendo sobre la enseñanza de las matemáticas, sus fallos y sus mejoras en el mundo. Si se le hubieran dado mejor los números, puede que hubiera sido médico, como su padre y como su abuelo. Pero, además de sentirse apabullada por las derivadas, se le cruzó un reportaje de la revista Rolling Stone aquel año que pasó en Seattle. Domina el inglés y nunca pensó en las matemáticas como en el verdadero lenguaje universal. Es corredora de paseo marítimo de Torremolinos y tiene tres hijos que coleccionan ticks de Smartick: Pablo, Luis y Berta.
Berta González de Vega

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