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29Sep

Smartick, la extraescolar en casa

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No se lleva ser excesivamente racional, lo sabemos. No es nuestra época, cuando casi todo el mundo habla de emociones y sentimientos. Con las actividades extraescolares conviene serlo, si no queremos acabar locos, niños agotados, padres a la carrera. El otro día, en una reunión de cuarentones, se empezó a hablar de cuándo sus padres les dejaron apuntarse al baloncesto y, contaban dos de ellos, recibieron la misma respuesta: Cuando fueran capaces de ir solos, andando. Nunca antes de los diez años.

Pero hemos cambiado. También entonces salíamos más tarde del colegio. El caso es que ahora muchos padres nos encontramos con todo un mundo de posibilidades extraescolares, de las más tradicionales de deporte hasta las más innovadoras, como enseñarles los valores del emprendimiento, que hace Thamer en Sevilla —eso es pensamiento crítico, enseñarles el valor de intentarlo y fracasar—, hasta la robótica o los cursos de oratoria y de programación.

Quizás nunca hasta ahora los padres nos hemos sentido tan abrumados por un futuro que se nos antoja incierto —no por ello menos maravilloso en cuanto a la capacidad de progresar y solucionar problemas— y de ahí el despiste ante semejante oferta. ¿Qué extraescolar será mejor, fomentar los valores del deporte, del equipo o que aprenda a hablar con claridad? ¿El club de ajedrez o el ballet? ¿La natación o la robótica?

Todo el puzzle se va complicando cuantos más hijos se tienen, además del coste económico evidente. Nuestro maestro de cabecera, o sea, Gregorio Luri, creo que recomendaría que la mejor decisión sería la que preservara cierta armonía familiar. Es decir, que midamos nuestras fuerzas y el coste-beneficio.

Luego está la posibilidad de mirar un poco al medio plazo: por ejemplo, el hecho probable de que los niños se acaben aficionando tanto tanto al fútbol que quieran jugar en un equipo federado, en una liguilla, más entrenamientos…Y eso vale para todo. ¿Nos apetece acabar todos los fines de semana en uno de esos campos que muchas veces están al lado de los cementerios de los pueblos, escuchando cómo otros padres se meten con nuestros retoños por una falta o porque no han parado un gol? Yo no me veo, la verdad. Pero entiendo que para muchos pueda ser un plan. Un buen plan.

extraescolarLo ideal es que sean actividades cuyo horario pueda compatibilizar el máximo número de miembros de la familia. Llevada, recogida y estancia. Eso implica sacrificios por parte de algunos. O a veces benditas coartadas. Puedes quedarte sin poder ir a una comida de trabajo pero, a la vez, puedes alegar la natación de los niños para librarte de una con pinta de tres horas tiradas a la basura. A lo mejor, uno de los hermanos tiene que aprovechar para ir haciendo los deberes mientras los otros practican algún deporte o dan clase de ballet. Él solo, claro, que también estas actividades nos proporcionan escenas de padres casi haciendo los deberes de los hijos.

Nosotros ya sabéis lo que pensamos: que Smartick se puede hacer desde casa, mientras se piensa en qué se cena, antes de echar unas risas con los niños, después de haber merendado tranquilamente y haber preguntado por cómo ha ido el colegio. Antes de la ducha o después, ya tan a gusto con el pijama puesto. Nada que ver con llevarles a una academia.

Además, nosotros nos adaptamos a lo que cada niño necesita para que vaya estupendo con las matemáticas. Y, puestos a pensar en el futuro, sabemos que dominar las matemáticas les abrirá muchas posibilidades. Y, al revés, tener miedo a los números les puede cerrar muchas. Y, total, Smartick son 15 minutos de ordenador, con equipazo de matemáticos, pedagogos, desarrolladores detrás. Y la armonía familiar bastante a salvo.

Para seguir aprendiendo:

Berta González de Vega

Berta González de Vega

Periodista. Bloguera en Smartick. En los últimos años, lectora compulsiva de todo lo que tenga que ver con la educación. Madre de tres niños Smartick. Domina el inglés pero nunca pensó en las matemáticas como el verdadero lenguaje universal.
Berta González de Vega

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