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03Jul

De motores, corazones y experimentos

experimentos

Día uno de la segunda semana de Campamento Smartick de matemáticas y tecnología. Es un gusto volver a ver a niñas del año pasado, como Carolina.

El primer día siempre empieza con algún retraso hasta que los padres se hacen con los tiempos para llegar al Colegio Madrid, que los atascos son un poco imprevisibles. Esta semana recibimos a una niña llegada desde Alemania, sólo para nuestro campamento, Stella.

Susana, Gabriela y Maricarmen, del equipo Smartick, han sido las encargadas de recibir a las niñas en la planta de abajo del colegio del que nos estamos enamorando. Después de su sesión de Smartick, ha llegado Marisa con sus matemáticas manipulativas y sus papeles. Se habrían quedado más tiempo pero ya estaban calentando por la banda Virginia Huidobro e Irene Martín, las voluntarias de Celera que se han encargado de dar la charla.

Virginia les ha contado cómo de pequeña siempre le gustaron los coches, pero entró a estudiar Ciencias Ambientales. No era una cosa muy de chicas la mecánica. Y ahora es feliz trabajando en un equipo de 40 personas que diseñan y montan su propio coche de Fórmula Student. Virginia les habló a las niñas de trabajar bajo presión, cuando el corazón se te acelera como explicó Irene, residente de cuarto año de Cardiología, pocas horas de sueño en el cuerpo, después de una guardia en el Gregorio Marañón.

Las niñas aprendieron de motores, de mecánicos y de músculo, de cómo arreglarlo y de si era posible cuidarlos a los dos para que no se estropearan. Hubo muchas que levantaron la mano y varias sabían bastante bien lo que había que hacer para que el corazón se mantuviera en forma.

experimentos

Aprendieron también que fue una señora, Mercedes, mujer de Benz, la que se aventuró a hacer el primer viaje más o menos largo en coche. Virgina e Irene se lo estaban pasando tan bien con las niñas que se quedaron a compartir con ellas el aperitivo de media mañana.

Después llegaron Beatriz y Maripaz a hacer los experimentos con globos y con las reacciones químicas del vinagre. Y, así, como el que no quiere la cosa, nos dieron las dos y media. Fue entonces cuando me fijé en una niña con una camiseta que decía que ella no quería ser princesa, que quería saber de matemáticas. Se llama Ada. Y sabe por qué. A lo mejor ha conseguido ya un diploma de Ada Lovelace en Smartick. Mañana le preguntamos.

Para seguir aprendiendo:

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Cree que no sabe ser más que periodista y, por curiosa, anda ahora entusiasmada leyendo sobre la enseñanza de las matemáticas, sus fallos y sus mejoras en el mundo. Si se le hubieran dado mejor los números, puede que hubiera sido médico, como su padre y como su abuelo. Pero, además de sentirse apabullada por las derivadas, se le cruzó un reportaje de la revista Rolling Stone aquel año que pasó en Seattle. Domina el inglés y nunca pensó en las matemáticas como en el verdadero lenguaje universal. Es corredora de paseo marítimo de Torremolinos y tiene tres hijos que coleccionan ticks de Smartick: Pablo, Luis y Berta.
Berta González de Vega

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