“Cambiamos de Kumon a Smartick por la movilidad”

kumon

José es el padre de Isabella, una niña colombiana que lleva más de mil días haciendo sus sesiones de Smartick. Eso significa que nos hemos convertido en una rutina en su casa desde hace casi tres años. Las respuestas no son muy largas, pero nos sirven, como siempre que contactamos con padres, para saber de las motivaciones para hacer Smartick y cómo consiguen que lo hagan a menudo.

No es raro encontrarnos con padres o alumnos con una experiencia previa en Kumon, el método japonés de aprendizaje de matemáticas que admiramos porque también promueve el esfuerzo y la constancia diaria, el entrenamiento, en definitiva, y que deciden probar con nosotros al saber que se puede hacer desde casa. Luego, además, ven otras diferencias.

¿Cómo conoció Smartick?

Buscando en Google.

¿Por qué consideró que a su hija Isabella  le venía bien un programa de matemáticas al margen de la escuela?

Porque mi hijo estuvo en Kumon y tuvimos buenos resultados.

¿Por qué cambiar de Kumon a Smartick entonces?

Por movilidad, desplazarse es complicado (Smartick se hace on line, desde casa).

¿Le dan mucha importancia a las matemáticas en su familia?

Realmente no, pero Isabella es de retos y le encanta sobresalir en todo lo que hace.

Cuando en su entorno saben que Isabella hace Smartick, ¿Les extraña que haga una actividad extra de matemáticas?

No, siempre quieren que les envíe más información.

¿Cómo ha conseguido motivarla para que lo haga casi todos los días?

Es su obligación, aunque durante un tiempo tuvo algún incentivo.

¿Saben en el colegio que hace Smartick? ¿Han tenido algún feedback?

Sí, lo saben algunas compañera y las calificaciones son buenas en general, no solo en matemáticas. Está en Matemáticas avanzadas.

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Berta González de Vega

Cree que no sabe ser más que periodista y, por curiosa, anda ahora entusiasmada leyendo sobre la enseñanza de las matemáticas, de la comprensión lectora y de educación en general. Si se le hubieran dado mejor los números, puede que hubiera sido médico, como su padre y como su abuelo. Pero, además de sentirse apabullada por las derivadas, se le cruzó un reportaje de la revista Rolling Stone aquel año que pasó en Seattle. Domina el inglés y nunca pensó en las matemáticas como en el verdadero lenguaje universal. Es trotadora de paseo marítimo de Torremolinos y tiene tres hijos que coleccionaron ticks de Smartick: Pablo, Luis y Berta.

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