Matemáticas a fuego lento

“Se me dan mal las matemáticas”, “no soy nada buena con los números”, “soy claramente de letras”. ¿Cuántas veces hemos escuchado estas frases? Pues los resultados de distintos estudios las refutan. En este artículo, el autor explica la hipótesis de que se es mejor en matemáticas si se aprende a quererlas y a practicarlas.

Es cierto, admite, que se puede nacer con un amor natural a las matemáticas pero esta afición a los números se puede impostar al principio y acabar queriéndole. Sería como un matrimonio de conveniencia más que amor a la primera vista. Aprender a quererlas. Contar a los niños lo importante que son para todo. Jugar con ellos a adivinanzas con números. Darle la misma importancia que a la lectura. Pocos padres se conformarían si alguien les dijera que sus hijos simplemente no están hechos para entender lo que leen o para disfrutar con la lectura. Intentarán con otros libros.

Uno de los errores más frecuentes puede ser pensar que no se entienden las matemáticas porque no se entiende lo que dice el profesor. Sin pensar que puede ser que la manera de explicarlas del profesor no las haga fáciles para todo el mundo. Además, está el miedo a levantar la mano en clase para decir que no se ha entendido, un gesto que, cuando se realiza, suele ser un alivio para el resto de los alumnos –¿no habéis tenido nunca esa sensación?–. En Smartick, es el método el que detecta que un alumno ha fallado varios ejercicios y, entonces, le salta un tutorial como este:

https://youtu.be/H6JtJFaSF-M

 

Si no te has enterado a la primera, lo puedes ver tantas veces como quieras.

Porque puede ser que las matemáticas sean algo que precisen para algunos fuego lento. Claro que hay niños que son muy rápidos pero eso no debería desanimar a los demás. Es cuestión de echarle ganas, tiempo, de probar enfoques. De fallar y volver a intentarlo. Se trata de estar convencido de que se puede llegar a entender. Maravillosa sensación, por cierto, que recuerdo de mi infancia. O, “ahora lo pillo”, que dicen mis hijos. Todo menos llegar a la excusa de “es que yo soy de letras”, una frase que a la que acudimos mucho los periodistas, por ejemplo, y, de paso, ayudamos a consagrar ese mito de que el mundo se divide entre los que se le dan bien las mates y los que no. Cuando, como casi todo en la vida, es cuestión de constancia, de querer poder, de encontrar los estímulos adecuados. Puede ser cuestión de hacer Smartick todos los días.

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Berta González de Vega

Cree que no sabe ser más que periodista y, por curiosa, anda ahora entusiasmada leyendo sobre la enseñanza de las matemáticas, de la comprensión lectora y de educación en general. Si se le hubieran dado mejor los números, puede que hubiera sido médico, como su padre y como su abuelo. Pero, además de sentirse apabullada por las derivadas, se le cruzó un reportaje de la revista Rolling Stone aquel año que pasó en Seattle. Domina el inglés y nunca pensó en las matemáticas como en el verdadero lenguaje universal. Es trotadora de paseo marítimo de Torremolinos y tiene tres hijos que coleccionaron ticks de Smartick: Pablo, Luis y Berta.

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