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15Abr

Hablemos de la Inteligencia II

Como hablamos en un post anterior (Hablemos de la Inteligencia I), la inteligencia es una habilidad mental que integra varios procesos cognitivos que están estrechamente ligados al aprendizaje y al rendimiento académico. Esta capacidad ha sido asociada a la actividad de estructuras frontales, las cuales se solapan con estructuras asociadas a las funciones ejecutivas (Duncan, 2000).

Durante el desarrollo, el cerebro atraviesa por distintas etapas que modifican su estructura cortical. Durante la infancia la corteza frontal del cerebro tiene mayor espesor debido a la cantidad de conexiones neuronales. Durante la niñez y la adolescencia se produce una “poda” neuronal la cual hace que el espesor de la corteza se reduzca. Este proceso ayuda a que las distintas áreas cerebrales se “especialicen” en ciertos procesos cognitivos (Johnson, 2001).

Algunos estudios muestran que individuos con altas puntuaciones en inteligencia presentan un tiempo más extendido de desarrollo post-natal de estructuras frontales (Shaw et al., 2006). Se considera que este periodo prolongado de desarrollo implica un mayor período sensible, lo cual permite mayor plasticidad cognitiva y de las estructuras subyacentes a la inteligencia (Brant et al., 2013).

Brant y col. (2013) explican dos posibles causas para esta relación. La primera explicación es que el desarrollo prolongado puede ser beneficioso para el desarrollo de las funciones cognitivas superiores que son especificas del ser humano. Otra posibilidad es que este período prolongado promueve una mayor sensibilidad a las influencias del medio ambiente ya que es posible las personas con alta inteligencia tengan más apertura a las experiencias que les expone el medio ambiente (Knudsen, 2004)

El entender el curso de desarrollo de los procesos cognitivos nos puede ayudar a detectar cuáles son los elementos que pueden influir en su desarrollo adecuado, y de esta manera explotar las posibilidades que tenemos para apoyar el desarrollo de los niños.

Referencias

Brant, A. M., Munakata, Y., Boomsma, D. I., Defries, J. C., Haworth, C. M. A., Keller, M. C., … Hewitt, J. K. (2013). The nature and nurture of high IQ: an extended sensitive period for intellectual development. Psychological Science, 24(8), 1487–95. doi:10.1177/0956797612473119

Duncan, J. (2000). A Neural Basis for General Intelligence. Science, 289(5478), 457–460. doi:10.1126/science.289.5478.457

Johnson, M. H. (2001). Functional brain development in humans. Nature Reviews. Neuroscience, 2(7), 475–83. doi:10.1038/35081509

Knudsen, E. I. (2004). Sensitive periods in the development of the brain and behavior. Journal of Cognitive Neuroscience, 16(8), 1412–25. doi:10.1162/0898929042304796

Shaw, P., Greenstein, D., Lerch, J., Clasen, L., Lenroot, R., Gogtay, N., … Giedd, J. (2006). Intellectual ability and cortical development in children and adolescents. Nature, 440(7084), 676–9. doi:10.1038/nature04513

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Joan Paul Pozuelos López

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