
Todos nos vemos casi de manera constante ante la necesidad de pensar bien: al interpretar lo que ocurre a nuestro alrededor, si buscamos una explicación adecuada o razonable, al sacar conclusiones, cuando dialogamos con otras personas sobre una cuestiones que admiten múltiples puntos de vista y, especialmente, al tratar de resolver los problemas o tomar decisiones difíciles.
Ante tales situaciones, pensar es inevitable, pero pensar con destreza no lo es. A nuestros hijos e hijas les ocurre lo mismo. Cambia la escala y la significatividad de los problemas, pero también ellos se enfrentan diariamente al desafío de pensar. Nuestro compromiso con ellos es ayudarles a pensar bien, con destreza.
Muchas veces observamos que se precipitan, que interpretan mal una información, que fallan al identificar qué es lo relevante, que dan por buena una explicación muy débil, o que se quedan con la primera idea que se les ocurre. Que les falta sentido crítico, del que ya hemos hablado aquí. Y es que no basta con acumular conocimientos, por muy importante que sea (que lo es); aprender a pensar bien requiere desarrollar habilidades y procedimientos para manejarse bien en escenarios de incertidumbre. Pues Smartick Thinking puede ayudaros.
Smartick Thinking encuentra su aspiración precisamente ahí: enseñar a pensar bien a los pequeños de la casa. Formarlos en la práctica experta del razonamiento humano y las habilidades clásicas del pensamiento crítico. Así, mediante sesiones diarias adaptadas y variadas en sus formatos y contenidos, los niños y niñas a partir de 7 años trabajan habilidades analíticas, de argumentación, lógica, comunicación, control digital de la información y resolución de problemas, entre otras. No se trata de decirles qué tienen que pensar, sino de enseñarles cómo pensar mejor.
Índice
Qué es Smartick Thinking
Si la aspiración de Smartick Thinking es grande, la idea de la que parte es sencilla: el pensamiento crítico se aprende, se entrena y se mejora con el entrenamiento. Es como aprender a tocar el piano o montar en bicicleta: necesita práctica, tiempo y un contexto adecuado.
A veces lo olvidamos, pero no basta con decirles a nuestros hijos «piénsalo mejor», «no te precipites» o «piensa antes de contestar». En realidad, necesitan aprender a hacer operaciones que están en la base del rigor y el pensar experto: distinguir la información relevante, extraer conclusiones, evaluar razones, interpretar correctamente lo que otra persona está diciendo o revisar una estrategia cuando no funciona.

La investigación académica sobre Critical Thinking lleva décadas estudiando estas habilidades. Podríamos recordar aquí el conocido Delphi Report elaborado a partir del trabajo de un panel interdisciplinar de expertos y firmado por Peter A. Facione bajo el patrocinio de la Asociación Filosófica Americana (APA). El informe identifica seis grandes habilidades cognitivas vinculadas al pensamiento crítico: interpretar, analizar, evaluar, inferir, explicar y autorregular el propio pensamiento.
Este es uno de los marcos teóricos de referencia en Smartick Thinking, así como también la perspectiva expuesta por Ralph H. Johnson en When Informal Logic met Critical Thinking (2012) acerca de que dominios de trabajo e investigación diversos como la resolución de problemas, la metacognición, la lógica informal o el Critical Thinking forman en realidad una red de formas de razonamiento diferentes, pero relacionadas. Este enfoque resulta muy útil para Smartick Thinking, dado que pone en primer plano la necesidad de diseñar un programa de aprendizaje basado en el razonamiento experto.
De acuerdo con esto, Smartick Thinking combina la lógica deductiva con ejercicios que giran en torno a las prácticas comunicativas cotidinas, por ejemplo profundizando en cómo enfrentarse a un desacuerdo; actividades que sitúan a los niños ante falacias o anuncios publicitarios, con el objetivo de que aprendan a identificar las malas razones y las estrategias de persuasión; tareas analíticas y de resolución de problemas y toma de decisiones, así como operaciones de argumentación y formulación de buenas preguntas.

Se trata de iniciar a los más pequeños en los distintos ámbitos de aplicación del razonamiento para mostrarles cómo se logran resultados de calidad. Esa es la meta de Smartick Thinking. Veamos a continuación algunos de esos ámbitos más en detalle.
Habilidades analíticas: aprender a mirar mejor
Analizar bien supone, en primer lugar, aprender a mirar con orden. Muchas veces, ante una situación compleja, el error no está en la conclusión a la que llegamos, sino mucho antes: no hemos distinguido qué información era relevante, qué elementos formaban parte del problema o qué relaciones existían entre ellos. Pensar con destreza exige precisamente eso: ser capaces de descomponer una situación sin perder de vista el conjunto.
El Delphi Report sitúa el análisis entre las habilidades nucleares del pensamiento crítico y lo vincula con operaciones como comparar ideas, identificar problemas, reconocer sus partes y comprender cómo se relacionan entre sí. En términos educativos, esto significa enseñar a nuestros hijos e hijas a clasificar, establecer semejanzas y diferencias, detectar patrones, reconocer estructuras y separar lo esencial de lo accesorio, es decir, enseñar a organizar mentalmente la información de una manera que sea posible razonar con ella.
En Smartick | Thinking 🧩, este tipo de trabajo aparece en tareas muy diversas. A veces hay que identificar la razón aducida; otras, distinguir y usar correctamente una descripción y una valoración, o una expresión subjetiva y otra objetiva (porque las consecuencias de utilizar una u otra varían y, sobre todo, no requieren el mismo tipo de apoyo). Como se suele decir, un rasgo de la inteligencia es saber hacer distinciones, y este tipo de actividades aspiran a fomentar esa capacidad desde un punto de vista pragmático: no solo se trata de hacer la distinción correcta, sino de saber operar con ella.
Además, la habilidad analítica posee un carácter transversal. Está presente cuando evaluamos un argumento, cuando intentamos comprender un desacuerdo, cuando examinamos la intención de un anuncio o cuando interpretamos el contexto de un problema concreto. Pero independientemente del caso, lo primero será siempre estar en condiciones de verla bien.
Argumentación: aprender a dar, pedir y evaluar razones
Argumentar bien no consiste simplemente en expresar una opinión, sino en ser capaces de sostenerla con razones y, al mismo tiempo, examinar las razones que ofrecen los demás. En una conversación, un debate o una justificación de las que se dan en el día a día, pensar con destreza exige distinguir qué se está defendiendo, qué motivos se aportan a favor y si esos motivos apoyan realmente la conclusión.
El Delphi Report incluye entre las habilidades centrales del pensamiento crítico la identificación y el análisis de argumentos, así como la evaluación de la fuerza de las relaciones entre razones y conclusiones. Esto implica reconocer premisas, conclusiones y supuestos implícitos, pero también detectar cuándo una inferencia es débil, una razón es irrelevante o un argumento descansa sobre una presuposición dudosa.
En Smartick | Thinking 🧩, estas operaciones se trabajan mediante tareas en las que nuestros hijos e hijas tienen que manejar diferentes tipos de inferencias y argumentos, detectar falacias, reconocer cuándo una razón es plausible o no lo es, si una inducción está suficientemente bien respalda y cuándo sus conclusiones deben quedar en suspenso, así como valorar si una razón puede ser calificada como buena o fuerte. El objetivo no es que memoricen una terminología técnica, sino que incorporen una pregunta mucho más útil para su vida cotidiana: ¿hay buenas razones para aceptar esto?

La argumentación ocupa, además, un lugar especial dentro del razonamiento experto, porque buena parte de lo que pensamos se pone a prueba cuando tenemos que explicarlo, defenderlo o revisarlo frente a las razones de otros. En este sentido, Ralph H. Johnson subraya que aprender a pensar críticamente requiere también aprender a analizar y evaluar argumentos, aunque argumentación y pensamiento crítico no sean conceptos idénticos.
Lógica: aprender qué se sigue de qué
La lógica nos enseña a determinar qué podemos concluir a partir de la información de la que disponemos. Razonar lógicamente exige atender a las relaciones entre las afirmaciones y distinguir con precisión aquello que necesariamente se sigue de ellas de lo que solo es posible, probable o, sencillamente, no está justificado. Es una de las herramientas fundamentales para pensar con rigor.
En Smartick | Thinking 🧩 trabajamos estas capacidades de manera progresiva mediante inferencias deductivas, relaciones condicionales, cuantificadores o diagramas de Venn, entre otras actividades. Los niños aprenden, así, que una conclusión no es correcta porque parezca razonable o coincida con lo que ellos creen, sino porque existe una relación adecuada entre la información de partida y aquello que concluimos.

El Delphi Report incluye precisamente entre las habilidades de inferencia la capacidad de extraer conclusiones, reconocer las consecuencias que se siguen de determinados datos y emplear apropiadamente distintas formas de razonamiento. Aprender lógica proporciona, en este sentido, una especie de disciplina del pensamiento: obliga a detenerse, respetar la información disponible y preguntarse, antes de responder, qué podemos afirmar realmente a partir de lo que sabemos.
Comunicación: comprender mejor lo que hacemos cuando hablamos
Comunicarnos bien no consiste solo en expresarnos con claridad, sino también en comprender qué están haciendo los demás cuando hablan y qué tipo de intercambio estamos manteniendo. No es lo mismo discutir para averiguar quién tiene mejores razones que negociar para alcanzar un acuerdo, pedir una explicación, hacer una promesa o expresar un punto de vista distinto. Pensar con destreza exige también saber orientarse dentro de esas situaciones comunicativas.
En Smartick | Thinking 🧩 trabajamos este ámbito mediante ejercicios sobre tipos de diálogo, desacuerdos, actos de habla, intenciones comunicativas y malentendidos. Nuestros hijos descubren así que al afirmar, preguntar, prometer, conceder o rechazar algo no solo transmitimos información, sino que también asumimos determinados compromisos con nuestros interlocutores.
Del mismo modo, aprenden que no todos los desacuerdos funcionan igual: algunos pueden resolverse comprobando los hechos, otros requieren intercambiar y ponderar razones, y otros se complican cuando aparecen el engaño, la imposición o una mala interpretación de lo que se ha dicho.

Este trabajo, además, conecta estrechamente con la argumentación. Para valorar correctamente las razones de otra persona, primero necesitamos comprender qué ha dicho realmente, con qué intención y dentro de qué contexto comunicativo. Aprender a reconocer estas diferencias ayuda a nuestros hijos e hijas no solo a interpretar mejor las conversaciones, sino también a participar en ellas de una manera más precisa, razonable y cooperativa.
Información y medios digitales: aprender a interpretar lo que vemos en Internet
Moverse bien por Internet no consiste solo en saber encontrar información, sino también en interpretarla, valorar su fiabilidad y reconocer con qué intención se nos presenta. Páginas web, anuncios, vídeos, mensajes o publicaciones en redes combinan hechos contrastables, juicios de valor, estrategias persuasivas y afirmaciones de muy distinta calidad. Pensar con destreza en este entorno exige aprender a distinguir unas de otras.
En Smartick | Thinking 🧩 trabajamos este ámbito mediante ejercicios en los que nuestros hijos e hijas tienen que analizar anuncios, valorar fuentes, diferenciar los hechos comprobables de los hechos inventados o «alternativos», reconocer estrategias de persuasión o examinar qué razones se ofrecen para sostener una afirmación. Aprenden -de una manera amena y divertida- a formular preguntas que resultan cada vez más necesarias: quién proporciona esa información, cómo puede saberlo, qué evidencias aporta, qué pretende conseguir con su mensaje o de qué manera podríamos comprobar lo que afirma.
El objetivo es que adquieran progresivamente un mayor control sobre la información digital que reciben, en lugar de limitarse a aceptarla por su apariencia, popularidad o capacidad para llamar la atención. En un entorno en el que acceder a información es cada vez más sencillo, una parte esencial del pensamiento crítico consiste precisamente en aprender a decidir qué información merece nuestra confianza y por qué.
Resolución de problemas: aprender a buscar una solución con método
Resolver bien un problema no consiste simplemente en encontrar una respuesta, sino en aprender a recorrer de manera ordenada el camino que conduce hasta ella. Antes de actuar necesitamos comprender qué está ocurriendo, identificar cuál es exactamente el problema, considerar los objetivos o necesidades implicados, explorar distintas soluciones y anticipar qué consecuencias tendría cada una. Solo entonces estamos en condiciones de comparar las alternativas y decidir cuál responde mejor a la situación.
En Smartick | Thinking 🧩 trabajamos la resolución de problemas mediante actividades en las que nuestros hijos e hijas tienen que analizar una situación, definir el problema, generar posibles alternativas, prever sus consecuencias, valorar su importancia y revisar la estrategia elegida. Esta forma de proceder conecta con los mapas de pensamiento desarrollados, por ejemplo, por Robert Swartz en su modelo de «aprendizaje basado en el pensamiento»: no se trata de improvisar una respuesta, sino de hacer explícitos los pasos que permiten llegar a una solución mejor razonada.

El interés, por tanto, no está solo en acertar, sino en que los niños y niñas aprendan a reconocer qué procedimiento les ha permitido resolver el problema. La resolución de problemas mantiene una relación muy estrecha con el pensamiento crítico, aunque no sea exactamente lo mismo: exige movilizar habilidades analíticas, inferencias, evaluación de alternativas y autorregulación. Aprender a resolver problemas con destreza significa, en último término, aprender que ante una dificultad no basta con probar suerte; conviene saber cómo pensarla… y corregirla si los resultados no son los esperados.
Cómo es una sesión de Smartick Thinking
Smartick Thinking convierte todo este marco en un momento de práctica diaria. Las sesiones duran aproximadamente 15 minutos y están diseñadas para que nuestros hijos puedan trabajar de manera autónoma. Además, cuando se introduce un contenido nuevo, acompañamos a los niños mediante ejemplos y actividades guiadas que les permiten comprender qué es lo que tendrán que realizar a continuación.

Las sesiones de Smartick Thinking incluyen también diálogos filosóficos con el célebre Socra-Tick, en los más pequeños se conversan y debaten sobre cuestiones como la amistad, el dinero, la mentira, la responsabilidad, y muchos otros.
A ello se suma la lectura comprensiva de textos filosóficos adaptados, dedicados a cuestiones muy variadas, como la verdad, el autocontrol o el valor de la experiencia a la hora de fundamentar lo que creemos saber. Y fantásticas historias en formato cómic, en las que la filosofía aparece no como un contenido que haya que memorizar, sino como un espacio para aprender desde la autorreflexión.
La clave es que nuestros hijos aprendan a pensar antes de dar forma a sus respuestas y, conforme a su ritmo de aprendizaje y necesidades, vaya progresando en la resolución de tareas cada vez más complejas. Esta progresión -un recurso clave de Smartick en todos sus programas- coincide con una de las principales recomendaciones pedagógicas del Delphi: hacer explícitos los procedimientos, mostrar cómo se utilizan, proporcionar oportunidades de práctica y feedback y avanzar desde situaciones sencillas hacia otras progresivamente más complejas.
¿Por qué empezar desde los 7 años?
No es necesario esperar a que nuestros hijos e hijas sean adolescentes para comenzar a trabajar el pensamiento crítico. Basta con recordar a uno de los autores clásicos de la Filosofía para niños, como es Matthew Lipman, para encontrar recomendaciones bien fundadas sobre la importancia de que, desde la infancia, se enseñe a razonar, buscar información relevante, considerar alternativas y comprender los puntos de vista de otras personas.
Naturalmente, los ejercicios tienen que adecuarse a la edad. Un razonamiento lógico puede comenzar con relaciones muy sencillas y avanzar después hacia inferencias con varios pasos; un ejercicio de argumentación puede empezar identificando una razón y una conclusión antes de introducir presuposiciones o falacias; y el análisis de información digital puede comenzar diferenciando una afirmación comprobable de una opinión para abordar más adelante formas de persuasión mucho más sutiles.
En Smartick Thinking, la complejidad aumenta progresivamente para que nuestros hijos e hijas puedan enfrentarse a formas cada vez más exigentes de razonamiento.

Preguntas frecuentes sobre Smartick Thinking
¿Qué es Smartick Thinking?
- Smartick Thinking es el programa de Smartick para entrenar el pensamiento crítico y el razonamiento de nuestros hijos e hijas. Mediante sesiones breves, adaptadas y progresivas, se trabajan habilidades analíticas, de argumentación, lógica, comunicación, resolución de problemas y toma de decisiones, entre otras. El objetivo no es enseñarles qué deben pensar, sino proporcionarles herramientas para analizar mejor la información, razonar correctamente, evaluar razones y enfrentarse con mayor autonomía a problemas nuevos.
¿Desde qué edad se puede empezar con Smartick Thinking?
- Smartick Thinking está dirigido a niños y niñas a partir de los 7 años. A esas edades ya se pueden entrenar de manera sistemática habilidades como buscar información relevante, considerar alternativas, dar razones o comprender otros puntos de vista. La dificultad de los ejercicios aumenta progresivamente, de manera que una misma habilidad puede trabajarse primero en situaciones sencillas y después en problemas que requieren razonamientos más complejos.
¿Se puede combinar Smartick Thinking con otros programas de Smartick?
- Sí. Smartick Thinking puede realizarse de manera independiente o combinarse con otros programas de Smartick. Además, muchas de las habilidades que se entrenan en Thinking —analizar información, comprender un problema, inferir una conclusión o justificar una respuesta— pueden utilizarse posteriormente en matemáticas, lectura y otras situaciones de aprendizaje.
¿Hay una prueba gratuita de Smartick Thinking?
- Sí. Smartick ofrece una prueba gratuita de 7 días, de modo que la familia puede conocer el método y comprobar cómo trabaja su hijo o hija antes de decidir si quiere continuar.
Conclusión
Pensar bien no se aprende de una conversación ni de un buen consejo: se entrena, igual que el cálculo o la lectura. Smartick Thinking convierte ese entrenamiento en 15 minutos diarios con una progresión que se ajusta al nivel del niño desde los 7 años, y lo hace sobre situaciones reales en lugar de teoría. El resultado que ven las familias es un niño que se para antes de responder y que sabe explicar por qué piensa lo que piensa.
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Para seguir aprendiendo:
- Reto Smartick Thinking: ¿sabes distinguir una falacia?
- Noticias falsas y niños: 10 pasos para ayudarlos a identificarlas
- Sentido crítico: cómo enseñar a los niños a pensar con autonomía, criterio y sensatez
- TBL- Pensamiento Crítico. Cómo enseñar a pensar.
- 10 pasos para potenciar el pensamiento crítico en niños




