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12Abr

“La habilidad para las matemáticas, leer y escribir bien hacen a un niño excelente”

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matemáticas

Una farmacia en una tarde de Jerez, por Picadueñas, cerca de la Venta Quitagolpes. Un sillón ocupado por unos niños del barrio, donde por la mañana ha tomado la tensión. Y un farmacéutico que está enseñando a los que se dejan enseñar: “Les meto caña. Les digo que si no vienen a darlo todo, no se molesten en entrar, les quiero con los cinco sentidos puestos. Sin esfuerzo no se llega a ningún sitio”, les dice antes a los niños.  Se llama Julián Ruiz y nos enorgullece que sea un padre Smartick, o sea, el progenitor de Ángela, una de esas niñas que nunca falla en sus sesiones de todos los días.  Fue una de esas tardes de farmacia cuando, en Facebook, se le apareció Smartick. No es extraño. Se mete en páginas de matemáticas y le redirigen a otras similares. “Cuando vi que eran matemáticas para niños pensé que había dado con lo que necesitaba. Me picó mucho la curiosidad, estaba atendiendo a la gente y deseando empezar a verlo”, explica.

Y a él no tenían que preocuparle mucho las matemáticas. Es hijo de un profesor de San Roque, uno que consiguió entusiasmar tanto a los niños con las ciencias que algunos en el pueblo le responsabilizan del pico de universitarios durante unos lustros. Don Julián.

“Mi ocupación es inculcarles la ciencia jugando. Está en todo. Cuando nos levantamos, cuando estamos mirando a una torre. Todo es matemáticas. Mi padre consigue explicarlas como nadie. Explica química inorgánica a gente que no tiene ni idea. Es capaz de hacer que un niño de cinco años entienda el concepto de densidad. Ese es mi padre”, dice con evidente orgullo.

Ángela, con ocho años, saca unas notas excepcionales. No es el perfil de niña que necesitaría ayuda extra. Pero su padre es de los que cree que, si puede más, por qué no. “Sabe hacer ecuaciones de primer grado y la he nombrado inventora de ecuaciones”.  Así que, según nos cuenta, “Smartick lo que ha hecho es acelerar el aprendizaje del resto de las asignaturas porque tiene capacidad de abstracción. Las series son muy difíciles”.

¿Rutina? Eso es incuestionable en casa de Julián Ruiz. Él les inculca a las niñas “rutina, compromiso, espíritu de superación” y ve que Smartick también. El padre y el método se compenetran a la perfección. “Lo hace después de comer. En casa no se ve la tele. Cuando acaba, se pone a leer”, explica. Muchas veces es él también el que lee, con un libro idéntico, porque quiere ver que lo que la niña va leyendo, lo va entendiendo. Otros días, pone dictados. Además de Smartick, hace cuadernos de Rubio. En el coche, van cantando las tablas de multiplicar. Julián cree que “la habilidad para las matemáticas, leer y escribir bien es lo que hace a un niño excelente”.  Él fue de los padres que imprimió a colores las tablas de multiplicar de Smartick y se las puso en el cuarto, para que las vea a menudo. Hizo 25 copias y las llevó al colegio.

No le preocupa que la moda del princesismo  vaya a alejar a sus niñas de las matemáticas. Disfruta hablando con Ángela de todo, porque  la niña hace preguntas muy filosóficas: “El otro día estuvimos hablando del negocio de la inmortalidad y de la posibilidad de estudiar medicina”.  Julián lleva siempre una libreta a mano y va apuntando cosas que enseñar a las niñas, que se le ocurren por la calle. Algunas veces no se siente muy comprendido por el entorno. Ha recomendado Smartick, pero muchos padres siguen sin ver la necesidad de un programa de matemáticas. No le importa. Es la filosofía que le transmite a su hija mayor: “Angela, tú siempre fuera de la manada para pensar, nunca vayas con la masa, que están manejadas, piensa por ti misma, sal de la caja”. El otro día, en una de esas conversaciones, la niña le dijo que le daba miedo ser pobre de mayor. Él la tranquilizó: “No serás pobre si te preparas en ciencias, en matemáticas, en ingeniería, ahí tendrás puesto de trabajo y ahora es el momento de prepararse y está tu padre para ayudarte”.

Le preguntamos por qué paga Smartick, si él tiene recursos para preparar a su hija muy bien: “¿Tú crees que 30 euros es dinero para que se le conecten a tu hija las neuronas a velocidad de vértigo?” ¿En qué se gastan ese dinero muchos al mes? Todavía aquí en Jerez con ese dinero puedes salir a comer bien un día, pero, ¿en Madrid?”.

Explica por qué le gusta dar clases: “Ese niño que se abandona, tarde o temprano va a ser un problema para mi. Se le podrá cruzar la droga o la pequeña delincuencia. Y todos los seres humanos tenemos cualidades excepcionales. Lo hago por devolverle a la vida lo que me ha dado. Los chiquillos se engatusan y la tarde se me pasa muy rápida haciendo sistemas de ecuaciones”.  Y no todo son números y conocimientos: “Trato de darle todas las herramientas para que sean unas personas excelentes, la persona sin valores no sirve para nada. El futuro de la humanidad son estos niños”.

Y una cuelga el teléfono pensando qué sería de este país con miles, millones de Julianes Ruiz. Encantados de que sea un padre Smartick. Y de que Ángela sea una niña del equipo.

Para seguir aprendiendo:

Berta González de Vega

Berta González de Vega

Periodista. Bloguera en Smartick. En los últimos años, lectora compulsiva de todo lo que tenga que ver con la educación. Madre de tres niños Smartick. Domina el inglés pero nunca pensó en las matemáticas como el verdadero lenguaje universal.
Berta González de Vega

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